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¿Quieres ser diplomático? ¿Quieres ser diplomático?

¿Quieres ser diplomático?

¿Qué es la Carrera Diplomática?

La Carrera Diplomática española es el cuerpo especializado del Estado en Relaciones Internacionales y está adscrito en exclusiva al Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación. Aunque siempre había habido diplomáticos no es hasta 1852, con el Estatuto de Bravo Murillo, cuando se crea un auténtico cuerpo profesional basado en el mérito y la capacidad. La Carrera Diplomática es el cuerpo decano de la administración civil del Estado y por ello no en vano tiene el Código A0001.

En la actualidad la Carrera está compuesta por unos 1.000 efectivos. Aproximadamente la mitad sirve en puestos en el Exterior: Embajadas, Representaciones Permanentes ante Organizaciones Internacionales y Consulados Generales. Dentro del grupo de funcionarios que está en Madrid la parte más numerosa está destinada en los servicios centrales del MAEC. Sin embargo, una parte significativa (aproximadamente unos 80) sirven en otros departamentos (Presidencia, Defensa, Justicia, Interior, Fomento, Agricultura, Administraciones Públicas y Sanidad), órganos constitucionales (Casa de S.M, Congreso de los Diputados), y agencias como la AECID (unos 20), en los que velan por la efectiva “Unidad de Acción del Estado” en el Exterior. Asimismo, existe un grupo de élite que presta sus servicios en Organismos Internacionales como el Servicio Europeo de Acción Exterior o las Naciones Unidas.

Entre los miembros más ilustres que han contribuido a configurar la España actual no podemos olvidar a Marcelino Oreja, Fernando Morán, o Manuel Fraga. También han sido numerosos los literatos desde el Duque de Rivas, pasando por Juan Valera, Ángel Ganivet, Agustín de Foxá o Fernando Schwartz.

 

¿Qué es ser diplomático?

Según que “ser diplomático” se entienda como un estilo de conducta, o en un sentido funcional, se puede contestar de dos formas. En la primera acepción diremos con André Maurois que ser diplomático “es el arte de exponer la hostilidad con cortesía, la indiferencia con interés y la amistad con prudencia”. En sentido funcional lo son aquellos funcionarios públicos expertos en relaciones internacionales con vistas a ser acreditados ante otros Estados (y en la actualidad también en Organismos Internacionales) con carácter representativo.

Los Estados organizan su diplomacia de diversas formas, según sus tradiciones administrativas o su concepto de cómo ha de ser la conducción de los asuntos exteriores. En España, siguiendo la tradición latina, la profesión diplomática se estructura en torno a un cuerpo general – la Carrera Diplomática – que pertenece al Ministerio de Asuntos Exteriores y utiliza en el extranjero funcionarios de otros cuerpos pertenecientes a aquellos Ministerios (Defensa, Cultura, Comercio, etc.) que por sus actividades poseen un sector exterior.

En España, a la Carrera Diplomática se ingresa mediante oposición, como ocurre con cualquier otro escalafón de la función pública estatal. Sus miembros se rigen por las disposiciones que regulan la función pública, sin más peculiaridades que las requeridas por la naturaleza de sus funciones. Aunque se trata de una carrera con carácter “generalista”, posee dos ramas que son ejercidas alternativa e indistintamente: la política, centrada en la representación del Estado ante los demás Estados y Organismos, y la consular, dedicada a la protección de ciudadanos y entidades españolas en el extranjero ante las autoridades locales.

Al diplomático se le atribuye el estilo de actuación al que hemos aludido al principio. Además, ha de tener sólidos conocimientos y buenas maneras. Como dice Beladíez, “de todas las disciplinas catalogadas por las Universidades, la que mejor debe conocer un diplomático es el Derecho internacional; de las no catalogadas, la que más a fondo debe dominar es la buena educación”.

Ser diplomático otorga prestigio social, ya que la profesión se cuenta entre aquellas –ya no tantas- dotadas de leyenda. “El diplomático, en la opinión general, forma parte de un mundo al que no tiene acceso el común de los mortales. Un mundo de lujo, de intrigas, de misterio, de exotismo”, dice Gómez de Valenzuela. Ortega les achacaba frivolidad. Se suele achacar mendacidad a estos funcionarios, pero como ya dijo el gran Talleyrand, “la diplomacia no es una ciencia de engaño y duplicidad”. Hay que decir la verdad, pero evitando el conflicto, pues no hay que olvidar que el diplomático es agente de paz.

En realidad no se trata sino de un cuerpo más del Estado que simplemente ejecuta las directivas del Gobierno en las materias a él encomendadas. Que éstas se ejerciten generalmente en o con el extranjero, y que exista para facilitarlas un trato y unos privilegios especiales, es precisamente lo que facilita la leyenda. Pero dentro del conjunto de agentes acreditados como diplomáticos en un mismo país, llamado “Cuerpo Diplomático”, coexisten hoy en día tanto los funcionarios procedentes de carreras diplomáticas como de otras, y no ocurre nada especial.